Informe de Greenpeace sobre la problemática de los plásticos en Europa

Este informe, muy esmerado por cierto, es el antesala de un artículo propio, que próximamente publicaremos en esta misma web.
Cómo sabéis los piratas, antes de tirar un artículo propio, nos gusta analizar todos los datos sin dejarnos traer por modas o criterios poco científicos, buscando la imparcialidad y la opinión de todas las sensibilidades.

El informe de Greenpeace se puede descargar directamente desde su página o de la web del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiento, del gobierno de España.
Es bueno saber que España es actualmente el segundo país de Europa en reciclaje de plásticos, por el detrás de Alemania; superando con comodidad la normativa europea, y siendo uno de los países que más están haciendo en todo el mi, a favor del reciclaje de plásticos y la limitación de su consumo.

Informe Greenpeace:

La problemática de los plásticos en Europa

Bioplástico

Hace muchos años que tanto empresas como técnicos y biólogos empezaron a poner bio ante cualquier cosa, desde los yogures hasta la tecnología, pasando por los plásticos, del que nos ocuparemos en este artículo.

La RAE define bio como un elemento compositivo, que al añadirse a una palabra se relaciona con la vida o que implica respeto al medio ambiente. Mientras que biopolímero es definido como un polímero que interviene en los procesos biológicos. Cómo se puede observar las dos definiciones se contradicen. Todavía más cuando se habla de los que se utilizan para fabricar plástico, que todavía siendo tratados como biopolímeros por la ciencia, sería mejor denominarlos bioplástico.

Cuando hablamos de biopolímeros tenemos que tener cuidado de no confundir, porque no significa que sean biodegradables. Actualmente la mayoría de biopolímeros producidos por el hombre son sintéticos o, en menor medida, para fabricar plásticos biodegradables, como las bolsas de basura orgánica, de forma que poco tienen que ver con la vida sino fuera porque su origen es vegetal, generalmente de deshechos de las cosechas. Y muchos de estos biopolímeros, aun siendo de procedencia renovable, no suelen ser asimilables por la naturaleza, por lo cual requieren un reciclado idéntico a cualquier otro polímero. De forma que en el mundo de los biopolímeros, existe el biodegradable o de un solo uso, y el que necesita un reciclaje mecánico.
La producción de biopolímeros biodegradables está condicionada a su demanda, y al ser un producto más caro de lo habitual, depende directamente de la legislación. Es decir, que si un estado, como el francés, obliga a ciertas industrias o comercios el uso de plástico biodegradable, indirectamente está promoviendo una industria mucho más avanzada y con más plusvalía que la de otro estado, como el español, que no ha legislado ni parece que tenga mucho interés a hacerlo. Hace un tiempo explicábamos en este espacio que, excepto contados y meritorios casos, que se dedican especialmente a la exportación, la industria española del plástico produce material de baja plusvalía y tiene que competir con la de países en vías de desarrollo.

La fabricación de plásticos biodegradables no es muy importante, el pasado año la producción llegó a los 4,16 millones de toneladas, que por desgracia es una pequeña parte de los más de 300 millones de toneladas anuales de plástico que se producen en todo el mundo. Y tampoco se prevé un cambio de tendencia a medio plazo debido a la poca demanda. Solo una campaña decidida, llevada a cabo por la voluntad política en el ámbito mundial, podría revertir la tendencia. Por desgracia nos encontramos con un problema, la falta de interés de muchos países de Europa. Se da el caso que, tanto legislativa como normativamente, algunos países africanos están más avanzados en el tratamiento comercial del plástico que la misma España; y que invierten más recursos económicos, en relación a sus presupuestos, para la conservación del medio ambiente.

La necesidad de los plásticos

Según cálculos de las ONGs que ayudan al desarrollo del cultivo y de la pesca, el 40% de los alimentos que se producen en el tercer mundo se pierde por falta de un buen sistema de envasado, de la logística necesaria para transportarlo con la suficiente rapidez a sus lugares de consumo, o de la posibilidad de mantenerlos refrigerados; pero, en cualquier caso, la carencia de un envasado que lo mantenga en condiciones para ser consumido es primordial. Este 40%, que acaba pudriéndose en las playas, en los vertederos de las aldeas, o abandonado en los campos de cultivo, podría servir para comerciar, evitar hambres a pocos kilómetros o, seguramente, para no explotar el mar y la tierra de manera poco sostenible.

Estamos viviendo una expansión de la industria del plástico como nunca antes se había experimentado, principalmente en los países que más desarrollo económico experimentan, y no tanto en este tercer mundo tan necesitado. Una industria que, a pesar de estar satanizada por muchas asociaciones ecologistas, llevada de una manera inteligente es más necesaria que nunca, salvo que decidimos reducir radicalmente la población mundial, algo imposible a medio plazo, cuando todavía no hemos podido completar el primer paso, que es frenar radicalmente su crecimiento.
Es necesario, por tanto, hacer un esfuerzo para reconciliarnos con el plástico, concienciando a la sociedad, encontrando sistemas de recuperación y de reciclaje más eficientes y menos contaminantes, además de nuevos materiales para fabricarlo, que no causen o mitiguen al máximo la huella de carbono.
Pronto será difícil encontrar una bolsa en el norte de Europa sin la ecoetiqueta Ángel Azul, que demuestra haber sido reciclada. Mientras que por el 2025 la Unión Europea exigirá que el 55% de los envases de plástico sea reutilizable o reciclado. Esto significa que la industria del plástico, al menos la que pretenda más valor añadido, tendrá que adaptar sus sistemas de producción y de comercialización.
También tendremos que trabajar más en encontrar otras utilidades para el plástico, como en la industria del automóvil, fabricando coches, autobuses, aviones, buques y hasta trenes, completamente con los nuevos compuestos de matriz polimérica, más ligeros y resistentes que los metales, evitando así la extracción de minerales y su fundición, reduciendo por un lado la huella de carbono en su fabricación, y por otro el peso y así poder ahorrar energía. Y en la arquitectura y el mobiliario, gracias a las nuevas materias que permiten ser trabajadas como la madera y la cerámica, que dejarán mucha menos huella de carbono o quizás ninguna gracias a la posibilidad de recuperar el CO2 para ser reutilizado en la fabricación de más plástico.
También tenemos que encontrar nuevos materiales para suplir el petróleo, que a medida que se reduzca su extracción, también lo hará la producción de plástico. La universidad de Jaén, por ejemplo, investiga junto El Centro Tecnológico del Plástico, la creación de un bioplástico, es decir cambiar las fibras de carbono por el residuo de la poda de los sesenta millones de olivos que hay en Jaén, como componente para la fabricación de plásticos de elevada resistencia.
Costará tiempo y dinero, además de la comprensión y complicidad de numerosos movimientos ecologistas; sin embargo, sabemos, tal como explicábamos hace tiempo, que la desaparición del plástico es completamente imposible a medio plazo, al menos hasta que no hayamos eliminado por completo nuestra dependencia del petróleo. Mientras tanto, tenemos que encontrar sistemas de producción y de consumo que salvaguarden el medio ambiente, recuperar el plástico que está contaminando la naturaleza y encontrarle un mejor uso, tal como están haciendo Ecoembes y Ecoalf. La primera promoviendo la captura, mediante 160 barcos de pesca de la zona levantina, de los plásticos que se encuentran en el mar; mientras que la segunda los separa y los convierte en un hilo muy resistente que se utiliza para fabricar tejidos.

Greenpeace nos alerta sobre los plásticos en el mar

No es la primera vez que hablamos del problema que representa los plásticos, tampoco el terrible daño que provocan en el ecosistema marino y, de retruque, a la cadena alimentaría, es decir a nuestro organismo. De seguir así no pasará mucho tiempo que los médicos nos prohíban comer pescado o que directamente se extinga. Muy posiblemente nuestros nietos terminen comiendo pescado exclusivamente criado en piscifactorías, todo por nuestra actual irresponsabilidad.

Creemos que no vale la pena extenderse más en este artículo, cuando la bióloga marina Elvira Jiménez ya lo ha hecho por nosotros en el blog de Greenpeace, con el artículo:

-Mejor sin plásticos-

El plástico en las aves acuáticas

Un reciente estudio estima que el 90% de las aves acuáticas tiene objetos de plástico en sus entrañas.
Cuando veas una bolsa de plástico, un tapón… en el suelo de tu calle, piensa que tiene muchas posibilidades de terminar en el mar.
Si eres marino hazte un favor, cuida el mar, no lances desechos, como el sobrante de haber pintado el casco, etc. Y no limpies la sentina en alta mar.