ENERGÍA Y CRECIMIENTO

Imagen de Burghard Mohren

El Síndic Major de Comptes de la Comunitat Valenciana, Vicent Cucarella Tormo, explica en un informe oficial que la transición energética conllevará una disminución de uso por habitante, que inevitablemente reducirá el nivel de productividad y por ende de consumo al que estamos acostumbrados

“En la actualidad debemos prepararnos para disminuir la energía procedente de los combustibles fósiles rápidamente porque es necesario para atenuar el cambio climático y porque estos combustibles están alcanzando su máximo ritmo posible de extracción. Sin embargo, a diferencia de otras ocasiones, con la implantación de un sistema alternativo con fuentes de energía renovable (con menor tasa de retorno energético) se pretende conseguir al mismo tiempo que se reducen las ricas fuentes energéticas anteriores. Esto dificulta la implantación del nuevo sistema y además condiciona su mantenimiento posterior y su reposición al final de la vida útil de cada elemento.
La conclusión de todo ello es que la transición energética y la lucha contra el cambio climático nos conducen a una menor disponibilidad de energía por habitante. Por tanto, ante un escenario con escasez de recursos naturales y dificultades para generar energía abundante, limpia y barata, las economías verán entorpecido su crecimiento en términos de PIB, habida cuenta de la relación directa existente entre el PIB mundial y el consumo total de energía. La falta de reacción a tiempo ante el reto planteado puede desencadenar graves consecuencias sociales, así como un notable trastorno del actual modo de vida occidental. Por todo ello, la actual transición energética precisa ser acompañada de una transición social y sistémica, de una envergadura muy superior a las conocidas en otras ocasiones, tal como advierten numerosos y recientes informes científicos. Durante la transición debe descartarse el objetivo de crecimiento económico y acercarse hacia posiciones compatibles con el estado estacionario en niveles menores a los actuales, que respeten la capacidad de carga de la biosfera.”

Quizá estemos hablando de un período de transición, necesario para que irrumpa una nueva tecnología capaz de explotar correctamente las energías limpias. O quizá lo que deberíamos es ir pensando el modo de disminuir radicalmente el número de habitantes, porque ya no solo es la energía sino también el agua y una larga lista de materias que consumimos sin dar tiempo a que puedan regenerarse.
El actual crecimiento poblacional, que por suerte se ha ralentizado, y según las últimas estimaciones es posible que en pocos decenios llegue a cero, junto a un aumento de la calidad de vida y, sobre todo, de la capacidad de consumo de los países asiáticos, no es soportable para las actuales fuentes de energía, ni siquiera si acelerásemos al máximo la instalación de plantas de energía renovable. Disminuir o frenar el aumento del consumo, solo es posible mejorando radicalmente el aprovechamiento de la energía, y eso tampoco es factible, al menos a tan corto plazo.
La energía nuclear no es una opción, el ser humano no puede generar energía al precio de enterrar en profundas minas, que casi nunca aseguran un sellado a largo
plazo, cientos de miles de toneladas de residuos nucleares, con una vida media que oscila entre los 6.600 hasta los 130.000 años, dependiendo el tipo de residuo generado. En cualquier caso es inimaginable que unas pocas generaciones puedan hipotecar el futuro de todas las que puedan llegar tras suyo, e incluso el del mismo planeta. Además, la energía nuclear es muy cara, tanto que ninguna empresa quiere construir nuevas plantas si no es con el dinero público y a fondo perdido, y aún menos hacerse cargo del coste de almacenar y gestionar los residuos durante miles de años. La solución podría encontrarse en centrales nucleares que funcionen con los residuos radioactivos; sin embargo, las nuevas centrales nucleares tardarían muchos años en tener un papel activo en la generación de energía. Los investigadores de la MIT nos mostraron en el 2016 un no tan nuevo procedimiento, todavía en estudio, para aprovechar todo el material nuclear, no solo el 3%, que es lo que ahora mismo se utiliza. El residuo resultante, muy inferior en cantidad, solo mantendría su actividad nociva durante 300 años, una cifra igualmente inasumible. Los científicos rusos de ROSATOM ya se han adelantado, seguramente con una tecnología muy parecida pero más funcional, construyendo una planta de reactor brest-OD-300 en el Siberian Chemical Combine; pero más humildes o sensatos, reconocen que la carga de combustible empezará en el 2023 y se prevé que hasta el 2026 no producirá energía para uso comercial. Esas nuevas tecnologías todavía están en estudio, y aunque tuvieran éxito nuestra sociedad tardaría entre cincuenta y sesenta años en construir las centrales para producir una cantidad de energía apreciable, pero insuficiente.

El señor Vicent Cucarella, en pocas palabras y muy acertadamente, nos está exponiendo una realidad incontestable, nos tenemos que preparar para decrecer económicamente, principalmente porque el sistema que hemos escogido no ha tenido en cuenta el coste de reposición de nuestros productos, en primer lugar los energéticos.
¿Significa eso que vamos a vivir peor?
No si reordenamos nuestra manera de consumir y de vivir. No si aprendemos a cambiar nuestros hábitos de consumo, sin necesidad de penalizarlo o de ensanchar las diferencias sociales. No si conseguimos transformar el ahorro de consumo en riqueza,
aún menos si no la monetarizamos. De hecho las sociedades más consumistas ya están experimentando un decrecimiento real, muy alejado del llamado PIB. La mayoría de sus individuos ha perdido una parte de su capacidad de consumo, y las sociedades que no han sabido gestionar el reparto de la riqueza, incluso en calidad de vida.

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