Los Congresos y su efecto en el cambio climático

Conferencia en Addis Abeba (Etiopía)

Según los datos del Spain Convention Bureau, en España ha habido cerca de veinte mil eventos, con una media de ciento cincuenta y dos asistentes por reunión; es decir más de tres millones de visitantes, de los cuales más de un millón han llegado del extranjero para dar una charla de veinte o treinta minutos, pocas veces más, en los que tienen que invertir un promedio de dos días y medio, más otro para el viaje de ida y vuelta.
Para que ustedes se hagan una idea, durante el 2017 se celebraron en España cuatro mil novecientos ochenta y seis congresos, con un millón trescientos mil participantes, un 17,93% más que el 2016.

Como ejemplo de la importancia de los desplazamientos, que podríamos tachar de inútiles, la última reunión de la Federación Española de Municipios y Provincias, que se celebró en Las Palmas de Gran Canaria, con autoridades y profesionales del turismo de cincuenta y seis ciudades españolas, movilizó a representantes de cincuenta y cinco ciudades, que tuvieron que desplazarse en avión más de dos mil kilómetros de promedio, cuando se podría haber solucionado con una simple videoconferencia.
Barcelona es la ciudad que acoge más congresos del mundo, la tercera si añadimos jornadas y conferencias; pero son los congresos los que movilizan más pasajeros y con mayor distancia recorrida.
Los sectores que mueven más pasajeros son el sanitario y el de negocios, con el 42% de visitantes; sin embargo, en estos últimos años ha aumentado considerablemente el número de congresos y jornadas dedicados a la preservación del medio ambiente y contra el cambio climático. No deja de ser paradójico el hecho de que miles de profesionales estén dando vueltas por todo el planeta en avión, la mayoría de las veces recorriendo entre dos y diez mil kilómetros, permaneciendo dos días y medio en una ciudad para hablar entre veinte y treinta minutos a una audiencia que atiende su charla, mirando una exposición en una pantalla justo encima del ponente, sobre lo terrible que es, para el medio ambiente y el cambio climático, viajar en avión.
Los automóviles, por su número y utilización, son los principales emisores de CO₂ en el sector del transporte. Pero si revisamos las emisiones por kilómetro recorrido y pasajero, el avión sobrepasa con creces cualquier otro medio de transporte.

Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, de la que hemos extraído el siguiente gráfico, cada pasajero que viaja en avión es causante de la emisión de 285 gr. de CO₂ por kilómetro, mientras que en tren solo 14.

El gráfico, sin embargo, no muestra el de barco. Si para sus vacaciones usted escoge la opción de un crucero, debe saber que pese lo maravilloso y natural que es el mar, usted está provocando la emisión de, aproximadamente, 245 gr. de CO₂ por cada kilómetro de trayecto. Es decir, que está contribuyendo muchísimo al cambio climático del planeta, mucho más que si viaja en su coche, que consume de promedio 104 gr., siempre que viaje con medio acompañante (sabemos que eso es imposible, pero es tal como se han estudiado los promedios). Obviamente, como más pasajeros viajen con usted, menos gramos de CO₂ tocará para cada uno de ellos.

Con respecto al avión, la emisión varía mucho dependiendo de si el vuelo es de corta o de larga distancia (el gráfico tampoco lo contempla), así como de la capacidad de carga. Por ejemplo, un vuelo interno con un avión de solo 40 pasajeros, representa más de 750 gr. de CO₂ por pasajero y kilómetro, una barbaridad como pueden observar; en cambio, uno de larga distancia y 90 pasajeros, consume los 285 antes indicado, que es mucho más que cualquier otro medio de transporte.

A todos nos gusta viajar, sobre todo si una organización de renombre, estatal o mundial, nos invita. Eso puede significar grandes beneficios para nuestro currículo, aparte de la satisfacción personal y la posibilidad de poder entablar relación con otros colegas o personajes muy interesantes. Sin embargo, actualmente existen numerosos medios tecnológicos para dar a conocer nuestros conocimientos, la videoconferencia es uno de ellos. Y no solo para el conferenciante sino también para el oyente, porque puede sentarse tranquilamente en un momento relajado, incluso en el aula de una universidad o un instituto, tomar notas y aprender mucho mejor. La videoconferencia gravada nos permite pausar, retroceder para corregir una nota o revisar una idea, descansar unos minutos y volver en otro momento. Y, sobre todo, contactar vía telemática con todos los participantes, tanto ponentes como oyentes, exponiendo con tranquilidad su opinión al respecto.
Un ponente que ofrece sus servicios a través de videoconferencia puede ser mucho más atractivo para el espacio organizador, el coste es inferior y su valor añadido superior, aún más si en la presentación se expone el por qué del medio escogido, el respeto al medio ambiente.

Fuentes:
Environment Agency Austria
Agencia Europea de Medio Ambiente
Hosteltur
Ecombes

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *