Análisis político de la actualidad Agrícola y una propuesta Pirata

La agricultura es una fuente irremplazable de alimentos. Estos pueden obtenerse bien de proximidad o por lo contrario pueden hacerse llegar de explotaciones situadas a larga distancia. Igualmente podemos optar por adquirir productos de pequeños productores en agricultura de mosaico o de grandes explotaciones en monocultivo. La decisión es individual de cada consumidor y es una decisión política.

El papel de las administraciones es garantizar que esa decisión política se toma con conocimiento de sus consecuencias, tanto a nivel económico como social y ecológico. Asimismo, debe garantizar una correcta competencia entre los dos tipos de agricultura, asegurando el entorno económico que permite corregir los desequilibrios que en una economía de mercado favorecen a aquellos que obtienen un menor coste de producción a base de ignorar las externalidades negativas.

La progresiva mecanización de la agricultura conlleva una mayor concentración de la actividad. A fecha de hoy el 3% de las explotaciones agrarias concentran el 50% de la tierra cultivada en Europa, con lo que ello implica para la pérdida de la diversidad de alimentos, el empleo, los recursos naturales e, incluso, los paisajes del medio agrícola. Del mismo modo, la progresiva desaparición del campesinado al devaluarse el valor de su mano de obra frente a la rentabilidad de la maquinaria, aboca a muchos pueblos a desaparecer, creando yermos y concentrando la población alrededor de unas ciudades cada vez más alejadas del medio rural y, por lo tanto, más desconocedoras de la realidad del campesinado, así como de las externalidades y consecuencias de su elección en la compra de alimentos.

Finalmente, el crecimiento de estas ciudades pone presión sobre las tierras circundantes a las mismas, lo que lleva a muchas administraciones a ver dichas tierras como una reserva de crecimiento, que en su día serán calificadas como urbanas con el consiguiente incremento de precio de estas. Este proceso de especulación aleja también a los agricultores de estas, ya que la especulación valora las tierras en función de su posible valor futuro y no en función de la rentabilidad que la explotación agrícola de las mismas puede generar.

OBJETIVOS DE LAS POLÍTICAS PUBLICAS EN RELACIÓN A LA AGRICULTURA

Los gestores políticos han de garantizar, con sus decisiones, que la ciudadanía disponga de toda la información relevante a la hora de tomar sus decisiones. Para ello deben asegurar, entre otras cosas, la existencia de fuentes de alimentación de proximidad, un mayor contacto entre la población rural y la urbana, y un fácil acceso de las producciones agrarias a los mercados urbanos. Esto debe hacerse mediante políticas a largo plazo, que tengan como objetivo el mantener en activo tierras agrícolas, asegurar las condiciones para que las mismas sean rentables y controlar la densidad urbana mediante pulmones verdes destinados a la agricultura.

Las políticas públicas agrarias pueden discriminar positiva o negativamente. Entre las primeras estaría la de favorecer las prácticas que tienen un menor impacto medioambiental o un mayor impacto social. La discriminación negativa consistiría en hacer tributar las prácticas contrarias, llegando obviamente a prohibir algunas.

Entre las políticas públicas a promover están:

  1. Mejorar la transparencia del mercado, tanto lo que hace referencia a las posibilidades de adquisición de tierras baldías, como de explotaciones ya en activo que carezcan de relevo generacional, intentando evitar la excesiva concentración de tierras en pocas manos.
  2. Facilitar la sucesión en la titularidad de las explotaciones agrícolas tanto a nivel fiscal, eliminando impuestos de sucesiones o transmisiones si se continua la actividad (*) como formativo (promoviendo la educación profesional). Asimismo, debe promoverse un régimen favorable al alquiler de aquellas fincas cuyos propietarios no desean continuar la actividad agrícola.
  3. Desarrollar agencias públicas destinadas al asesoramiento y financiación de los nuevos agricultores. La progresiva mecanización (ya incluso robotización) está dejando obsoletos muchos de los principios por los que se ha regido la agricultura en las últimas décadas. Adaptarse a las nuevas tecnologías supone una inversión que no siempre está al alcance del agricultor.
  4. Corregir la especulación que están sufriendo las tierras agrícolas situadas entorno a núcleos urbanos, mediante un impuesto sobre tierras baldías, la compra de tierras por parte de las administraciones públicas, y la elaboración de planes urbanos que identifiquen las parcelas agrícolas como pulmones verdes y que garanticen la conservación de estas.
  5. Facilitar la elaboración de productos alimentarios en las propias explotaciones, tanto mediante la promoción de la figura del artesano alimentario, con unas exigencias de elaboración proporcionadas a su tamaño, como la promoción de los sellos de calidad correspondientes.
  6. Promover la comercialización de los productos agrícolas de proximidad en comedores comunitarios dependientes de las administraciones, la celebración de mercados exclusivos y facilitar la venta directa. Asimismo, educar en la consciencia tanto de la importancia de una alimentación “sana” como del impacto medioambiental y social de la agricultura de proximidad.
  7. Crear caminos públicos para facilitar el senderismo y la visita de las explotaciones sitas en los alrededores de los núcleos urbanos

(*) En caso de pequeñas explotaciones familiares

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