Semillas transgénicas

El 4 de marzo del 2016 publicamos el artículo: Maíz convencional o transgénico, que recibió un interesante comentario de Adrià, relativo a la semilla MON-810. En él se explica que esta semilla es una variedad Bt, que significa que la planta expande una proteína natural toxica para los insectos que la ingieren. La misma que se utiliza en cantidades mucho más grandes y de manera indiscriminada en los insecticidas de los cultivos ecológicos, por lo cual el uso del transgénico beneficia al medio ambiente.
Cierto, esta nueva semilla transgénica ahorra grandes cantidades de insecticida, pero siempre que este se utilice. De hecho el redactor de este artículo ha recabado información de algunos agricultores, aragoneses en su mayoría, que le han asegurado que no utilizan insecticidas, primero gracias a los pájaros, a los que han aprendido a proteger; y a que mantienen colonias de Orius insidiosus, un insecto depredador de los que más afectan a los cultivos de maíz; y de mariquitas, que eliminan el pulgón y otros ácaros. Por eso mismo creemos que es tan importante, tanto para mantener el medio ambiente y la diversidad natural, la pequeña y mediana explotación agrícola. Son esas explotaciones las que trabajan con cultivos ecológicos, mientras que las grandes corporaciones alimentarias, al no tener en cuenta este modelo de cultivo, siembran transgénicos para ahorrar mano de obra y bastante insecticida.

Lo más curioso y alarmante es que el abandono de las nuevas semillas transgénicas no vendrá de la mano de la ecología o la defensa de las variedades autóctonas, ya adaptadas al medio ambiente de cada zona, incluso a las plagas de insectos; tampoco de los gobiernos o de las organizaciones ecologistas, ni siquiera por las contradicciones en que caen los investigadores de sillón, cuando defienden este modelo de cultivo. El abandono está llegando de la mano de la misma economía, es decir lo único que podían esgrimir las corporaciones creadoras de esos transgénicos, que ahora ya no solo se les acusa de encarecer la explotación y de hipotéticamente dañar el medio ambiente, sino que se descubren inútiles frente los vaivenes climáticos de cada región, y son incapaces de mejorar el rendimiento de las variedades autóctonas, la mitad de baratas en el peor de los casos.
En España, estimaciones de asociaciones agrarias y ecologistas, ya en el 2013 nos hablaban de una significativa caída, alrededor del 40%, en el uso de las semillas transgénicas, contradiciendo las cifras que las distintas CCAA enviaban al ministerio.

En general el precio de los cereales tiende a bajar por la actual gran producción y la que se prevé en todos los países de la antigua URSS, principalmente la Federación Rusa y Ucrania, países que no utilizan precisamente transgénicos. Solo la soja y el arroz han podido mantener el precio, la primera gracias a las nuevas disposiciones del gobierno norteamericano sobre el biodiesel; mientras que el segundo por una leve caída de la producción, alentada y subvencionada por los estados más productores.

Por otro lado los agricultores norteamericanos y mexicanos han descubierto que el aumento de la producción no tiene relación con las nuevas semillas transgénicas sino con la mecanización del campo y una mayor eficiencia de la logística y del embalaje, que seguramente ya casi han llegado a su límite; de modo que cultivar con este tipo de semillas perjudica gravemente la economía de esos agricultores, principalmente los del norte, que ya no pueden mecanizar más sus explotaciones. De hecho esta mejora en logística y embalaje, es lo que en parte ha conseguido el importante aumento de la producción rusa y ucraniana.
El caso de México es tan excepcional como ejemplar, ya que con la implantación de las semillas de Monsanto, la producción de maíz cayó significativamente por el abandono de las pequeñas explotaciones, anticuadas y sin protección del Estado, que no pudieron competir con los nuevos y grandes latifundios, debiendo aumentar las importaciones de los EEUU. A eso se le añade que la misma FAO haya pedido al gobierno mexicano y a sus agricultores que abandonen el uso de las nuevas semillas transgénicas, reconociendo así su afectación medioambiental si se utilizan en las regiones embrionarias.

Desde la óptica alimentaria, la utilización de las nuevas semillas transgénicas solo tenía que servir para aumentar la calidad y calidad de nuestros productos agrícolas, además de facilitar la conservación del medio ambiente. Sin embargo, las últimas investigaciones desaconsejan su utilización o exigen una mejora real que demuestre sin ninguna duda su inocuidad, tanto para la salud humana como para el medio ambiente. El resto, es decir su utilización, ha de llegar a través de la rentabilidad, no de la imposición. Si las nuevas semillas transgénicas cumplen las expectativas de rentabilidad, sin duda los agricultores las utilizarán.
Evidentemente, estamos hablando de un sistema insostenible a corto plazo, en el que tengamos que alimentar un planeta superpoblado, que consume más recursos de los que el planeta recupera. Para mantener el equilibrio del planeta no solo tenemos que cambiar la manera de producir energía y bienes industriales sino también dejar de talar y quemar bosque para convertirlo en cultivo intensivo o asfalto y ciudades. El planeta no está preparado para albergar y alimentar a 7.000 millones de habitantes.

2 thoughts on “Semillas transgénicas”

  1. Hay un tema muy importante y que está relacionado: el consumo y los alimentos que terminan en la basura: caducados o porque ya no interesan.¿Hace falta producir/comprar/consumir tanto? Yo creo que no.

    1. Seguramente con los desperdicios se podría alimentar la mitad de la población. Mucha de la comida que se desperdicia, paradójicamente se produce en el tercer mundo, precisamente donde más falta hace.
      ¿Por qué?
      Muy sencillo, la mayoría de regiones y poblaciones carece de electricidad, por lo cual sus habitantes no pueden conservar los alimentos; y al no disponer de la suficiente logística tampoco pueden comerciar con sus cosechas.
      Eso valdría un artículo entero

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