La agricultura y la sostenibilidad agroecológica

  • Hasta la década de los 70, el hecho de hablar de la sostenibilidad de la agricultura a nuestro país no tenía razón de ser. Éramos sostenibles porque la gente que vivía en el campo, producía alimentos que eran consumidos para si misma y para los que vivían en su entorno.
    Hoy resulta muy complicado sobrevivir trabajando la tierra como agricultor y/o ganadero, y esto desemboca en un progresivo abandono de la actividad agraria y ganadera a pequeña escala. Cada vez más, encontramos grandes explotaciones que son cualquier cosa menos sostenibles, que compran cereales, maíz o soja, importados de países de todo el mundo, y que abocan los residuos en la poca superficie agraria que tenemos disponible en Cataluña.
    El precio de los alimentos en el mercado no tiene una relación directa con los recursos que requiere su producción, de tal forma que podemos encontrar 500 g de lechuga al mismo precio que 500 g de carne picada, y todo esto se suma a que cada día hay más gente que tiene dificultades para acceder a una alimentación sana y correcta.CRONOLOGÍA DEL DESARROLLO DEL SECTOR AGRARIO EUROPEOEn septiembre de 1945 acaba la segunda guerra mundial, el conflicto más mortífero de la historia. Tras suyo deja entre 50 y 60 millones de muertos, una Europa rasgada, con una economía hundida y el 70% de su estructura industrial destruida.
    En 1947 se inició el proyecto de elaboración de los acuerdos del GATT, que era un plan de regulación de la economía, que buscaba crear espacios comerciales entre los diferentes países para activar la economía entre los países de todo el mundo. Este punto de encuentro inició las conversaciones entre dirigentes de diferentes países Europeos, que ayudó a abrir diálogos entre ellos.
    En marzo de 1957 Se firmaron el tratados de Roma donde estaban presentes: Alemania Federal, Luxemburgo, Bélgica, Francia, Italia y los Países Bajos, con dos objetivos clave:
    1 – Hacer desaparecer las barreras arancelarias entre los estados miembros.
    2 – Crear la política agraria común (PEC) que tenía que promover la libre circulación de los productos agrarios entre los estados miembros, y adoptar medidas que protegieran los productos agrarios enfrente la competencia de países terceros.
    Al 1992 se firmó el Tratado de Maastricht que representó la fundación de la UE tal y como la conocemos hoy. El objetivo de la política común agraria era:
    Garantizar la producción agrícola.
    Fijar puestos de trabajo en el territorio.
    Crear una cadena alimentaría segura.
    Asegurar el suministro de alimentos.
    Estabilizar los mercados y asegurar precios razonables para los consumidores

    Estas medidas se esperaban lograr gracias a un sistema de subsidios directos a los agricultores y a la intervención directa a los mercados mediante aranceles.
    Se empezó a subvencionar algunos cultivos como el cereal, maíz, oleaginosas y legumbres; sobre todo se subvencionaba las mejoras a las explotaciones agrarias con los objetivo de aumentar y mejorar la calidad de las producciones. Se buscaba la inversión, la especialización y la productividad del sector. Las granjas de engorde empezaron a invertir y a crecer en cabezas de ganado, y los agricultores compraban tractores subvencionados e intensificaban el rendimiento de sus cultivos.
    El presupuesto de la PEC era el 60 % de la UE. Sin embargo, pronto se obtuvieron excedentes de producción y esto generó nuevos problemas de gestión de estos excedentes. Debido a esto el presupuesto de la PEC llegó a ser de hasta el 75% del total.
    Se crearon medidas para el control de la producción, como por ejemplo las cuotas láctea implantadas en 1984, que otorgaban a cada productor el número de toneladas de leche anuales que podía producir. Esto concentró la producción, los pequeños productores fueron abandonando la actividad agraria y los productores más grandes adquirieron los derechos de producción.
    El año 2.000 se establecieron medidas de bienestar animal a todas las explotaciones ganaderas, y se dió un plazo de tiempo a los productores porque las aplicaran o cerraran las explotaciones.
    El año 2005, para frenar la presencia de excedentes se puso en marcha la Reforma Fisher, que desacoplaba las producciones de las subvenciones directas a los productores. Los productores cobrarían la subvención que los ligaba en el territorio, produjeran o no.
    Los años 2007 y 2008, en plena crisis económica en Europa y con la alimentación en manos de grandes distribuidores, se utiliza el cereal y las oleaginosas para hacer biodiesel y se empieza a especular con el cereal y la oleaginosa. Todo esto provoca una grave crisis alimentaria en los países en desarrollo, a la vez que en Europa no se puede costear el engorde del ganado, y en este marco muchos productores de carne abandonan la actividad por no poder pagar el coste de los piensos ante la incertidumbre de los mercados.
    Entre el 2010 y el 2011 vuelve a haber una crisis alimentaria (menos grave que la de 2008-2009) que sube el precio de los cereales y se repite el problema del sector agrario europeo. Hay una nueva oleada de abandonos de pequeñas granjas de engorde y de producción de leche, y en consecuencia al cultivo de las tierras vinculadas a estas granjas.
    En Cataluña las pequeñas granjas de engorde abandonadas pasan a ser utilizadas por unas pocas grandes empresas productoras de piensos, y muy vinculadas a grandes mataderos. Estas empresas compran de todo lo mundo.
    En marzo de 2015 desaparecen las cuotas láctea y se abre el mercado de la leche. Esto hunde el precio de la leche que llega a mínimos históricos.

    Después de esta cronología nos ha quedado una Unión Europea dónde:
    Se sigue invirtiendo un 40% de su presupuesto en la agricultura para fijar agricultores en el territorio, a pesar de que se prevé que se reduzca a corto plazo.
    El 60% de los agricultores europeos tiene más de 55 años (y el 31% más de 65 años)
    La gran industria fija los precios de venta de los productos en los mercados, controlando las compras de materias primeras, y un desvío en los intereses de los especuladores puede hacer subir o bajar los precios de los alimentos y hacer morir de hambre a millones de personas en todo el mundo.

    Y nos ha quedado una Cataluña donde la producción de porcino es realmente importante, que está en manos de unas pocas empresas, y representa un 57% de la producción ganadera de Cataluña y un 37% de su producción agraria total.
    El 34% de la superficie de Cataluña y el 45% de los municipios han sido declarados como vulnerables por exceso de nitratos a las aguas subterráneas, y se ha demostrado la relación entre la presencia de elevadas cargas ganaderas y zonas de cultivo intensivo convencional (adobos de nitrógeno orgánico o inorgánico), con una elevada contaminación por nitratos.

    ¿QUÉ SOLUCIÓN TIENE EL CAMPO CATALÁN?
    Unir las herramientas que la administración tenga para promocionar la diversificación de la producción, formar a jóvenes agricultores para que sean capaces de producir, elaborar y comercializar de manera sostenible, segura y con respeto por el medio ambiente.
    Elaborar guías de control de riesgos y seguridad alimentaria a los artesanos, porque puedan sacar productos al mercado con garantías de calidad y de seguridad, y adaptar las normativas sanitarias a este tipo de elaboración.
    Hacer tareas de asesoramiento y de apoyo en trámites con la administración y en la redacción de los proyectos.
    Crear plataformas que ofrezcan a los productores que abandonan la actividad agraria, la posibilidad de ponerse en contacto con jóvenes emprendedores que no disponen de recursos para iniciar una actividad al mundo rural.
    Certificar de manera gratuita los productos ecológicos, puesto que son los que aseguran un mejor futuro para nuestro entorno.
    Y, sobre todo, entender que todos los recursos que se inviertan en esta línea de trabajo serán recursos que se podrán ahorrar en dispositivos de prevención de incendios y planes de gestión forestal.

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