El constante empobrecimiento de la naturaleza

 

Días atrás, paseando por lo que tendría que haber sido una urbanización, me sorprendió la aparente capacidad de recuperación de la naturaleza. Recuerdo, no hace mucho, un paisaje sobrecogedor, la montaña rasgada y limpia de sotobosque, kilómetros de asfalto, cajas de registro eléctrico y farolas, pero sin casas ni vallas, puesto que el ayuntamiento prohibió su construcción por el peligro de riadas y corrimientos. Ahora las calles están agrietadas, en muchos puntos el sotobosque ha colonizado hasta la mitad de ellas, un pequeño roble crece impasible y bien derecho a través de una grieta. Lo que antes era tierra limpia y agrietada, ahora es un vergel de pequeños árboles y arbustos, zarzas por dondequiera repletas de moras. Las farolas todavía se mantienen derechas, pero no las cajas de registro, que apenas pueden verse. El bosque, antes desbrozado y podado, llega al límite de la calzada.
Una cosa me sorprende, no veo ni oigo ningún pájaro, las zarzas apenas tienen las típicas telarañas y, por la época que estamos, una cosa me sorprende todavía más, no hay mariposas ni abejas. Supongo que despacio volverá a llenarse de vida animal, aunque mucho me temo que demasiado lentamente para que la vegetal recupere su diversidad. Sin vida animal muchas plantas no se polinizaran, las semillas no viajarán ni germinarán, y sin gusanos el suelo acabará empobreciéndose. Solamente algunas plantas sobrevivirán, pero al carecer de competencia ellas mismas se asfixiarán.
En España, el país de Europa que menos valor da a la conservación de la naturaleza, en diez años el número de golondrinas ha bajado en diez millones, y ocho millones de gorriones en veinte años. El número de tórtolas ha descendido en un 70%, es decir que de cada cien solo quedan 30.
El caso de los reptiles todavía es peor, hay zonas que las lagartijas han desaparecido casi por completo, lugares donde eran tan famosas que se convirtieron en un símbolo. Ahora mismo es muy difícil ver un dragón en nuestras paredes. Sin insectos los pájaros y los reptiles desaparecen, y con ellos también los búhos, las garzas, etc.
Las mariposas, que son el ejemplo más claro de la diversidad, se han llevado la peor parte, en treinta años el número de especies se ha reducido a la mitad y siguen desapareciendo.
En las calles pueden verse excrementos de jabalí, que de vez en cuando hay que cazar por haber desaparecido el lobo. Pero ya no se ven conejos, tan abundantes hasta hace poco, y sin ellos tampoco hay zorros ni águilas. Y me cruzo con un vecino paseando con su perro, que me explica que hace un mes pudo ver una serpiente, cuando años atrás era lo más normal.
A todo esto ustedes podrían pensar que la Unión Europea, que tendría que ser la más interesada para conservar la biodiversidad del continente, está tomado cartas en el asunto. Pues todo el contrario, últimamente la Comisión Europea sólo se dedica a entorpecer cualquier ley que sea un obstáculo para los negocios especulativos y cuestiona la “Directiva de Aves” y la “de Hábitats Naturales y Fauna y Flora Silvestre” vigentes.
Nuestros compañeros de Salva la Selva han organizado una recogida de firmas para pedir a la Comisión Europea que corrija su política medioambiental.
Por favor, exigid a la Comisión Europea que fortalezca la protección de la naturaleza en lugar de sacrificarla para intereses económicos.

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